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Dra. Nora Mujica Trenche
Números 16
La comunidad de los coatitas, hijos de Leví, sacerdotes del templo de Israel, tenían a cargo los objetos más sagrados del tabernáculo. Cada vez que el pueblo se movía en el desierto, Aarón y sus hijos guardaban los utensilios y los coatitas los transportaban al otro lugar; pero no podían tocarlos, porque morirían.
Cierto día, Coat unió a otros de la comunidad junto con 250 jefes prominentes de la comunidad israelita para rebelarse contra Moisés. Hasta ahora, Moisés había estado dando instrucciones al pueblo de cómo comportarse y qué rituales deberían llevar, de acuerdo a lo que Dios le ordenaba. Al parecer, Coat no se conformó con transportar los utensilios más sagrados, también quería mandar!
Su argumento ante Moisés fue “¿no está Dios con nosotros también?” o sea, ¿No puede Dios usarnos a nosotros también para dirigir? ¿Quién tú te crees que eres, Moisés?. Moisés se quebrantó, porque posiblemente no esperaba esta rebelión. Posiblemente le pasó por la mente todas las veces que el pueblo se quejó y Dios quiso exterminarlos, pero Moisés intercedió por ellos a pesar de sus propias frustraciones. Moisés entonces los cita a presentarse ante Dios y que Dios decida de quién es la autoridad. (Algo así sucedió con Elías y los profetas de Baal)
Moisés llamó a dos de ellos para hablar, pero éstos no quisieron. Blasfemaron contra Moisés (y contra Dios) diciendo: “¿No basta que nos sacaste de Egipto, una tierra que fluye leche y miel, para matarnos en este desierto, y que además nos trates como súbditos? Moisés se enojó mucho y le pidió a Dios que no aceptara sus ofrendas. Porque habían blasfemado contra Dios. Sus corazones eran impuros.
Dios entonces responde queriendo matar a todo el pueblo y Moisés vuelve a interceder para que solo el que incitó a la rebeldía fuera juzgado. La tierra se tragó a las familias de los rebeldes y un fuego del cielo quemó a los 250 jefes de la comunidad. A la mañana siguiente, el resto del pueblo se levantó y acusaron a Moisés y Aarón de haber matado al pueblo del Señor. Dios vuelve a decirle a Moisés que los destruirá en ese momento y Moisés vuelve a interceder por el pueblo. Aarón ofrece incienso para purificar al pueblo y que no mueran, aunque una plaga ya se había esparcido por el pueblo matando a algunos de ellos. Luego que Aarón presentó el incienso, la plaga se detuvo.
¿Qué podemos aprender de esta experiencia?
1. Porque seas líder de un grupo no significa que todos están de acuerdo contigo.
2. Que habrá alguien que vea cómo Dios te usa, y quiera arrebatar por la fuerza lo que Dios te dio.
3. Habrán seguidores que creerán la mentira y se unirán al enemigo sin ponderar lo que sus ojos han visto de Moisés.
4. En el día malo, solo el que ha caminado de cerca contigo y conoce tu corazón, respaldará tus decisiones.
5. Como líder tendrás que interceder en privado por el pueblo para que Dios tenga misericordia, aun cuando tus propios sentimientos estén heridos y frustrados. Esto es amor sacrificial.
6. Habrán decisiones que tengas que tomar con relación a los rebeldes que no todos entenderán y te dirán que fuiste muy fuerte con ellos. Decide de todos modos.
7. Cuando haces la voluntad de Dios y has sido obediente a su Palabra, él te respaldará en el día malo.
8. Aunque los que se te han ido en contra merezcan el castigo o la disciplina de Dios, como hijo/a de Dios, debes interceder por ellos.
9. No levantes una mano contra ninguno de los que te acusan. Deja que Dios se encargue de ellos; ellos sufrirán las consecuencias de sus actos. Tú solo pide al Señor que tenga misericordia.
10. No te detengas… sigue hacia delante.
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