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Vive ante la presencia de Dios

Posted by [email protected] on June 20, 2012 at 12:20 AM

Por: Dra. Nora Mujica Trenche

“El hombre dice: Has que las cosas sucedan. Dios dice: déjame hacer las cosas, no necesito ayuda”.

La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y derribó sus alfolíes y los edificó mejores, y allí juntó todos sus frutos. Y había mendigos a la puerta de él deseando hartarse de las migajas que caían de su mesa, mas nadie se las daba.

Y el rico subía todos los días al templo a orar. Y junto a él iba siempre su hijito Samuel. Y de pie oraba el rico. De esta manera: Señor, te doy gracias que no soy como los otros hombres. Señor, te doy gracias por mi trigo, y por mi maíz y por mis alfolíes. Señor, ¡ayuda a los mendigos, a los hambrientos, a los pobres que no tienen las bendiciones materiales que tengo yo! Y mientras oraba, lloraba.

Y aconteció un día, que el pequeño Samuel, después de la visita al templo llegó hasta su padre y le dijo: Padre, hoy como ayer, he escuchado tu oración. ¡Cómo quisiera tener alguno de tus depósitos de trigo! Y el padre le dijo: Todas mis cosas son tuyas. ¿Qué harías con el trigo si lo tuvieras?

Y respondió el hijo: ¡Yo contestaría tus oraciones! (Alejandro Clifford)

Cuando dejamos de tener comunión con Dios a través de la oración y la lectura de la Palabra, comenzamos a vivir como si todo dependiera de nosotros. De momento el mundo se hace grande y peligroso. Vivimos expuestos a ansiedades pensando que tenemos que enfrentar la vida solos y como resultado experimentamos temores, pesadillas, ataques de pánico y desesperación. Es como si Dios se hubiera ido de vacaciones o nos hubiera dado la espalda. Sin embargo, Dios siempre está pronto a tocar nuestro corazón y nuestro espíritu para abrir nuestros ojos espirituales e impartir la necesidad de volver a él.

La realidad es que es muy fácil involucrarse con las cosas del diario vivir y enfocar en las cosas que hay que hacer, resolviendo problemas, “apagando fuegos”, llenando la agenda de actividades y responsabilidades al punto de pensar que sacar un tiempo para tener un devocional privado nos tomará tiempo y no nos dará el día para hacer lo que hay que hacer. Hay ocasiones en que dejamos de tener comunión con Dios cuando hemos orado a Dios por diferentes cosas y él ha contestado pero no de la manera en que hubiéramos querido. Esto puede llegar a frustrarnos y por consiguiente dejamos de orar porque estamos molestos y ya no queremos pedir por miedo a cómo será contestada la oración. Ignorar a Dios o darle la espalda no es la respuesta. Mientras más lo ignoramos y mientras más querramos no contar con él, creyendo que su voluntad es perfecta y que la contestación a nuestras oraciones es justo lo que necesitamos, más iremos sintiendo que las paredes de la vida se van achicando y que todo alrededor se vuelve gigante.

Alguien dijo en una ocasión: “la voluntad de Dios es aquello que escogeríamos si supiéramos lo que él sabe”. Una y otra vez, Dios nos afirma que todo lo que sucede bajo el sol, en nuestra vida, obrará para bien para aquellos que le aman (Rom. 8:28). Si no tuviéramos dificultades y pruebas en la vida seríamos niños obesos y engreídos, sin fuerzas ni carácter. Si todo cayera a la mano, seríamos más egoístas de lo que somos ahora.

"Por supuesto, todo depende de lo que estamos pidiendo en oración. Si estamos lloriqueando, haciendo berrinche, y rogando que no se nos dé la disciplina de la vida que es enviada a nosotros para tumbar algunos conocimientos superficiales de la humanidad en nosotros, la respuesta a esa oración puede nunca llegar. ¡Gracias a Dios! Aunque, en verdad, no es fácil decir eso, con honestidad. Aun, puede nunca llegar, gracias a Dios.

Pero si has obtenido tanto como Epíteto—aunque pagano como lo llamaríamos nosotros—su oración diaria era esta: "Oh, Dios, dame lo que tu deseas para mí, porque yo sé que tu escoges para mí es mucho mejor de lo que yo pudiera escoger."; si tu no estás rogando que se te quite o para zafarte, pero pidiendo gracia y fortaleza para pasar la prueba con honor, "ese mismo día" que oras esa oración, la respuesta siempre llega." (A. J. Gossip, "Experience Worketh Hope" (La Experiencia Produce Esperanza))

Cuando no entiendas o te frustre la manera en que Dios contesta tu oración recuerda lo que dice Jeremías 29:11:

“Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes- afirma el Señor-, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza”

No preguntes a Dios ¿por qué?, pregunta ¿para qué?

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