|
|
comments (0)
|
|
|
comments (0)
|
Dra. Nora Mujica Trenche
Números 16
La comunidad de los coatitas, hijos de Leví, sacerdotes del templo de Israel, tenían a cargo los objetos más sagrados del tabernáculo. Cada vez que el pueblo se movía en el desierto, Aarón y sus hijos guardaban los utensilios y los coatitas los transportaban al otro lugar; pero no podían tocarlos, porque morirían.
Cierto día, Coat unió a otros de la comunidad junto con 250 jefes prominentes de la comunidad israelita para rebelarse contra Moisés. Hasta ahora, Moisés había estado dando instrucciones al pueblo de cómo comportarse y qué rituales deberían llevar, de acuerdo a lo que Dios le ordenaba. Al parecer, Coat no se conformó con transportar los utensilios más sagrados, también quería mandar!
Su argumento ante Moisés fue “¿no está Dios con nosotros también?” o sea, ¿No puede Dios usarnos a nosotros también para dirigir? ¿Quién tú te crees que eres, Moisés?. Moisés se quebrantó, porque posiblemente no esperaba esta rebelión. Posiblemente le pasó por la mente todas las veces que el pueblo se quejó y Dios quiso exterminarlos, pero Moisés intercedió por ellos a pesar de sus propias frustraciones. Moisés entonces los cita a presentarse ante Dios y que Dios decida de quién es la autoridad. (Algo así sucedió con Elías y los profetas de Baal)
Moisés llamó a dos de ellos para hablar, pero éstos no quisieron. Blasfemaron contra Moisés (y contra Dios) diciendo: “¿No basta que nos sacaste de Egipto, una tierra que fluye leche y miel, para matarnos en este desierto, y que además nos trates como súbditos? Moisés se enojó mucho y le pidió a Dios que no aceptara sus ofrendas. Porque habían blasfemado contra Dios. Sus corazones eran impuros.
Dios entonces responde queriendo matar a todo el pueblo y Moisés vuelve a interceder para que solo el que incitó a la rebeldía fuera juzgado. La tierra se tragó a las familias de los rebeldes y un fuego del cielo quemó a los 250 jefes de la comunidad. A la mañana siguiente, el resto del pueblo se levantó y acusaron a Moisés y Aarón de haber matado al pueblo del Señor. Dios vuelve a decirle a Moisés que los destruirá en ese momento y Moisés vuelve a interceder por el pueblo. Aarón ofrece incienso para purificar al pueblo y que no mueran, aunque una plaga ya se había esparcido por el pueblo matando a algunos de ellos. Luego que Aarón presentó el incienso, la plaga se detuvo.
¿Qué podemos aprender de esta experiencia?
1. Porque seas líder de un grupo no significa que todos están de acuerdo contigo.
2. Que habrá alguien que vea cómo Dios te usa, y quiera arrebatar por la fuerza lo que Dios te dio.
3. Habrán seguidores que creerán la mentira y se unirán al enemigo sin ponderar lo que sus ojos han visto de Moisés.
4. En el día malo, solo el que ha caminado de cerca contigo y conoce tu corazón, respaldará tus decisiones.
5. Como líder tendrás que interceder en privado por el pueblo para que Dios tenga misericordia, aun cuando tus propios sentimientos estén heridos y frustrados. Esto es amor sacrificial.
6. Habrán decisiones que tengas que tomar con relación a los rebeldes que no todos entenderán y te dirán que fuiste muy fuerte con ellos. Decide de todos modos.
7. Cuando haces la voluntad de Dios y has sido obediente a su Palabra, él te respaldará en el día malo.
8. Aunque los que se te han ido en contra merezcan el castigo o la disciplina de Dios, como hijo/a de Dios, debes interceder por ellos.
9. No levantes una mano contra ninguno de los que te acusan. Deja que Dios se encargue de ellos; ellos sufrirán las consecuencias de sus actos. Tú solo pide al Señor que tenga misericordia.
10. No te detengas… sigue hacia delante.
|
|
comments (0)
|
“¿Hasta cuándo este pueblo se negará a obedecer mis mandatos y mis instrucciones?” Exodo 16:28
Nos cuenta la Escritura que, después de la muerte de José, los israelitas que vivían en Egipto se habían multiplicado tanto que el Faraón de esa época, que no sabía de José, tuvo miedo de que ese pueblo se le fuera en contra. Lo sometió a trabajos forzosos con limitación de comida y descanso. El pueblo de Israel clamó a Dios; Dios escuchó su clamor y fueron rescatados de la esclavitud a través de Moisés. Pero la liberación y el comienzo de una nueva vida no surge sin dificultades. Tuvieron que desviarse al desierto, porque era el camino más seguro. En el desierto se encontraron con el Mar Rojo de frente y los egipcios a sus espaldas. Luego, en Mara, no había agua para beber, porque era amarga. Luego se quejaron que no tenía qué comer y se quejaron; Dios les envió codornices y maná. Volvieron a tener sed y se quejaron; Dios le dijo a Moisés que le diera a la roca y brotó agua a chorros, suficiente para todos. Se enfrentaron con los amalecitas y Dios les dio la victoria.
Cuando Dios te saca a lugar espacioso, puede que parezca un desierto, donde el sol calienta fuerte y el agua y la comida escasea. Tal pareciera que Dios te llevó allí a morir, pero en realidad lo que hace es protegiéndote de peligros peores y probando tu fe. Cuando nos encontramos frente a una dificultad, tendemos a quejarnos y desesperarnos porque no sabemos cómo saldremos de ésta. Cuando todo lo que tenemos que hacer es mirar hacia atrás y ver de dónde Dios nos sacó y cómo ha provisto el pan de cada día y clamar a él como hizo Moisés cada vez que el pueblo se quejaba, y Dios respondía.
¿Te encuentras en medio de una dificultad y te preguntas cómo saldrás de esta? “Clama a mí y yo te responderé, y te daré a conocer cosas grandes y ocultas que tú no sabes” (Jeremías 33:3). Ante la dificultad, Israel pudo ver el poder y la fuerza del Señor dentro de Egipto y en el desierto. No temas; solo cree. La mano del Señor no se ha acortado para sanar y salvar.
|
|
comments (0)
|
La afirmación que incluímos en el título de este mensaje puede que nos haga deternos por un momento y meditar en lo que significa. Puede sacudirnos por un momento, pero cuando lo pensamos bien, nos damos cuenta que es muy cierto. Los problemas se convertirán en problemas si yo los clasifico como tales.
Decir que yo tengo problemas es decir que los problemas aparecen en mi vida sin ser invitados y que, por tanto, estoy a la merced de ellos. Presenta una actitud pasiva de mi parte hacia las circunstancias de la vida como si yo fuera víctima de ellas. Definir alguna situación de la vida como "problema" tiene la connotación de que lo que estoy viviendo se ha salido de mi control y que no cuento con los recursos internos y externos para enfrentarlo y resolverlo. También puede implicar que lo que yo tenía planificado en mi agenda del día, en la agenda de mi vida, mis sueños y metas, no estaba considerado tener problemas como una posibilidad.
Podemos decir que un problema es algo que se presenta en nuestra vida o agenda del día que no habíamos contemplado y que altera o alterará mi manera de vivir por un momento o por el resto de mi vida. Un cambio en la situación económica debido a un despido del trabajo; un embarazo no esperado; un accidente de auto; una mudanza al exterior por razones de peso; la petición de divorcio de parte de mi pareja; una enfermedad terminal... y otras cosas por el estilo, pueden desestabilizar nuestro mundo interno y nuestras relaciones. Podríamos decir que llamamos "problema" a algo no esperado. Porque cuando hacemos planes una de las cosas que hacemos es considerar los pro y los contra de la decisión que tomamos y las alternativas para enfrentarlas cuando llegue el momento.
Nuestro "problema" se puede volver nuestro enemigo en la medida en que lo resistimos y lo resintamos. No se irá de nuestro lado, y seguirá mortificando, e incluso cobrará fuerzas mientras tratamos de ignorarlo o pelear contra él.
Es posible que un problema deje de ser "problema"? Sí, lo es.
•Ignorarlo, con la esperanza de que desaparezca solo, no acabará con él.
•Pelear contra él acabará con nuestras fuerzas físicas y mentales al punto de enfermarnos o amargarnos.
•Buscar todos los posibles culpables de que el "problema" haya aparecido no hará que las relaciones interpersonales se hagan más llevaderas; esta actitud puede llevarnos a ser injustos o incluso a quedarnos solos.
•Pedirle a alguien que lo saque de mi vida, mientras yo lloro y pataleo tampoco resolverá el problema. O tal vez no sea resuelto de la manera que hubiera querido.
Cuál es la solución? RENDIRME!!
Puedo ver que el problema se avecina. Puedo ver que no hay nada que yo pueda hacer para evitarlo. Puedo tratar de buscar opciones y alternativas para desviarlo de mi vida, pero nada impedirá que nos encontremos frente a frente. Entonces, me rindo!! Extiendo mis manos hacia el frente, enseñando mis palmas, respiro profundo, levanto la cabeza y... le doy la bienvenida! Cuando le doy la cara al "problema" según se va acercando a mí me doy cuenta de que se va haciendo más pequeño cada vez. Parece una locura pero es así. Porque mi "problema" se alimenta de mi temor. Y cuando encaro mi temor, el "problema" se hace pequeño. Siempre nos retará; siempre tratará de sacarnos de balance. Pero cuando le doy la cara y lo acepto como parte de la voluntad de Dios y de la agenda de Dios para mi vida, ya deja de ser un ente extraño en la historia de mi vida. Ahora se convierte en esa parte de mi vida que Dios tenía escrito y que yo no había considerado en mi agenda personal como algo necesario.
En la medida en que yo mantenga una mentalidad abierta a que cualquier cosa puede suceder en mi vida, puedo rendirme de antemano, sufrir el cantazo de la sorpresa, respirar hondo, encomendarme a Dios, que sabe muy bien por qué necesito esta experiencia, y darle la bienvenida a mi "problema". Al final, mi problema se convertirá en instrumento de alabanza y adoración a Dios, en la fortaleza de mi carácter y en testimonio de vida para los demás.
"Quién nos apartará del amor de Dios? La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia?... Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquél que nos amó". Romanos 8:35,37
|
|
comments (0)
|
by Les Carter, Ph.D.
As Nancy rolled her eyes, heaving an exaggerated sigh, her face said it all. She was at her wits end, not knowing how to proceed with her husband, Norman. “He’s the most unreachable person I know,” she said with exhausted self-restraint. “He’ll make one promise after another about improving our marriage but nothing ever comes of it. I’ve talked with him until I’m blue in the face. I’ve pleaded. I’ve cried. I’ve yelled. But nothing can get him to change course. In fact, the more I persuade, the more it seems to energize him in the wrong direction.”
Nancy went on to explain how Norman was the type of money manager who could screw up any budget. He was a slob and a procrastinator. Rarely did he follow through on chores. Occasionally she would receive reassurances from him about being more responsible, but inevitably she would later realize he was just saying what was needed to get her off his back. Commonly he would give one-word responses to her queries. Sometimes he would not speak at all when spoken to. He was secretive. He forgot birthdays. He had moments when he seemed friendly, yet he was not affectionate and had no particular interest in sex.
“What angers me the most,” she said, “is that he did such a good sales job to get me to marry him. Prior to the wedding he was a gentleman. He was considerate and had a sense of humor. I genuinely believed he liked me because he was so available.” Sighing heavily again, she said, “I feel so defrauded.”
Nancy was living with the quintessential passive aggressive person. This manner of life is typified by belittling treatment of others via non-cooperation, evasiveness, being dismissive, and avoiding emotional attachments. The goal of the passive aggressive person is to preserve self’s perceived needs at the other person’s expense with the least personal vulnerability. Though they may never speak these words overtly, their behavior covertly communicates: “Try as hard as you like, but you will never pin me down. I’m only interested in my agenda.”
To the passive aggressive, relationships are a competition and they will win no matter the cost.
While passive aggressive people may indeed have pleasant and congenial moments, time eventually reveals such qualities to be part of a disguise. Beneath the surface are trends that could be adjusted but are not. Most prominent among these trends are: (1) a quiet commitment to anger, (2) entrenched fear, and (3) a powerful need for control. Let’s look at each separately.
A quiet commitment to anger.
Some people falsely assume that anger is only evidenced in loud raucous behaviors. If you do not shout or curse or throw things, so the reasoning goes, you probably do not have anger issues. Anger, however, is not that one-dimensional. It is the emotion of self-preservation, prompting individuals to stand up for personal worth, presumed needs, and core convictions. Communicated respectfully, it can actually serve a useful purpose.
Passive aggressive persons have determined to manage their anger on the sly. Wanting to maintain the upper hand, they disdain clean anger since it requires an attitude of dignity and equality. In the spirit of competition, their behavior quietly shouts: “I like my anger because it deflates you and I’ll punish you every time you attempt to put me into your mold.”
Entrenched fear.
Passive aggressive individuals find traits like openness and accountability threatening. They tell themselves, “If I fully expose my feelings or perceptions, you’ll try to invalidate me.” They operate with low confidence that others can be trusted. It is likely that they have historically received shame messages, so they have determined that no one will ever again succeed in making them emotionally vulnerable. Their defenses are overly developed because they are so binary (all or nothing) in their thinking that they do not consider the possibility that some individuals would truly like to relate as one equal to another. They do not allow such hopeful thinking to guide their behaviors.
The need for control.
Passive aggressive people are convinced that the way to succeed in relationships is to be as fully in control as possible. Being cooperative or understanding would mean giving up chunks of power, something they absolutely will not do. When another person has a separate opinion or preference, it cannot be managed at face value. It is instead interpreted as the other person intending to dominate, prompting all sorts of stubborn retorts.
People like Nancy who are trying to come to terms with someone like Norman often make a common mistake by asking the seemingly reasonable question: “How can I make that person cooperate?” Such a question positions them to enter into the One-up/One-down game that they will surely lose. It is a guarantee that when they try to force standards upon the passive aggressive, adversarial responses will ensue.
When advising others about ways to respond cleanly to passive aggressive behaviors, I offer three notions:
1. Recognize that the other person’s behavior is not a referendum about your worth. Do not attempt to persuade that person to give you the respect that will not be given.
2. In sober moments speak non-coercively about your desires for the relationship. Make no demands, but be clear about your preference for honest, fulfilling exchanges.
3. Live with well-defined personal boundaries. If the other person chooses to be difficult, you can proceed with resolve and consequences. Maintain calm firmness even as you choose not to beg for cooperation.
It is sad that some individuals maintain a commitment to an adversarial manner, yet you can determine not to become so drawn into the undertow that you too become unhealthy. The passive aggressive may persist in the attempt to win, but you do not lose when you opt out of the game of rude responses.
Dr. Les Carter is the best-selling author of The Anger Workbook and The Anger Trap. He maintains a private practice at the Southlake Psychiatric and Counseling Center in Southlake, Tx.
|
|
comments (0)
|
by Gary Chapman, Ph.D.
Uncontrolled anger can destroy your marriage! The feeling of anger is not sinful. Even God feels anger (Psalm 7:11). Great social reforms have been motivated by anger. But uncontrolled anger has destroyed the lives of thousands.
All of us get angry when we feel that we have been wronged. Such anger is never condemned in scripture. In Ephesians 4:26 we read: “Being angry, sin not. Don’t let the sun go down on your anger.” We are responsible for controlling our behavior when we feel angry. The husband or wife who lashes out with harsh words or hurtful behavior is sinning.
So how am I to control my behavior when I’m angry? The first step is to restrain your immediate response. “A fool gives full vent to his anger, but a wise man keeps himself under control” (Proverbs 29:11). Your immediate response to anger will likely be a sinful one. Thus, we must think before we act. There are numerous ways to keep from responding too quickly. When I was a child my mother said, “When you get angry, always count to ten before you say anything.” Mom’s advice was good, but I suggest you count to 100 or 1,000. You might also take a walk around the block while you are counting. One lady told me that when she felt angry, she would water her flowers. “The first summer I tried this I almost drowned my petunias,” she said. The key is to do something to stop the flow of hurtful words and abusive behavior. Take a “time out” and you are less likely to sin.
While you are in your “time out,” let me suggest you examine your anger. Ask yourself questions such as: “Why am I angry? Is it what my spouse said? Is it what he/she did? Is it the way they looked at me?” One husband said, “She gives me that look and I get knots in my stomach.” The most important question to ask is “Did my spouse sin against me?”
If they sinned, then we should be angry. That is godly anger. However, much of our anger is distorted – things simply did not go our way. We did not get what we wanted. This is not godly anger. If our anger is distorted, we need to confess our selfish response, accept God’s forgiveness, and release our anger to Him.
On the other hand, if your anger is legitimate, arising from the sin of your spouse, the biblical instruction is clear. We are to lovingly confront our spouse with their sin (Luke 17: 3-4). God Himself gets angry when people sin. His response is always to convict, discipline, and correct (Hebrews 12: 5-8). He is our model.
God’s purpose for anger is that it motivates us to lovingly confront. We dare not sit idly by and make no effort to help our spouse turn from sin. When I say lovingly confront, I am not talking about yelling and screaming at your spouse. In my book, Anger: Handling a Powerful Emotion in a Powerful Way, I suggest that couples write the following words on an index card and put it on the refrigerator door. When you feel angry toward your spouse, get the card and read it to them. Here’s what the card says: “I’m feeling angry right now but don’t worry, I’m not going to attack you. But I do need your help. Is this a good time to talk?” It brings a little humor into the tenseness and it reminds you of what you are not going to do (lose your temper). It also asks for their help in dealing with your anger. Recently a young lady said to me, “My parents raised me on that anger card. It has been on our refrigerator as long as I can remember. Any time a family member is angry with another, we grab the card and read it. I never knew where she got the idea. But now that I’m getting married, I’m planning to have a card on my refrigerator door.” May I encourage you to follow her example? It may become one of your family traditions.
The purpose of confronting is first of all, to determine whether your spouse has indeed sinned against you, or if you misunderstood their words or misinterpreted their actions. If it has simply been a misunderstanding, then your confrontation has served its purpose and the anger dissipates. However, if it becomes clear that your spouse has indeed sinned against you, the godly response is for them to confess their sin and you to forgive them. When this happens, anger has served its godly purpose. It led you to constructive action which resolved the issue in a healthy manner.
If the spouse is unwilling to confess their sin, the scriptures encourage us to pray that God will convict them of their wrong and then confront them again, seeking reconciliation (Matthew 18:15-16). If they continue in their sinful behavior, the scriptures indicate that we should release them to God and release our anger to God. This was illustrated by Christ Himself. Peter says of Jesus, “When they reviled against Him, He did not revile but committed Himself to Him who judges righteously” (1Peter 2:23). We are then instructed to “treat them as a pagan” (Matthew 18:17). What do we do for pagans? We pray for them, we love them, we return good for evil. In so doing, we may be God’s instrument for bringing them to a place of repentance.
Don’t allow yourself to be eaten up with anger. Anger was designed to be a visitor, never a resident. If we harbor anger, it turns to bitterness, and bitterness turns to hatred. And we find ourselves taking revenge and trying to make our spouse pay for their sin. That is never our responsibility. God says, “Vengeance is mine. I will repay” (Romans 12:19). In God’s plan, anger is designed to motivate us to take constructive action; always seeking reconciliation. It is never His desire that we should lash out with harsh words and abusive behavior. Learning to control and direct one’s anger in a positive manner is one of the most important lessons we will ever learn. Learning it will greatly enhance our marriages.
|
|
comments (0)
|
By Tin Clinton
“Kind words produce their own image in men’s souls; and a beautiful image it is. They soothe and quiet and comfort the hearer. They shame him out of his sour, morose, unkind feelings. We have not yet begun to use kind words in such abundance as they ought to be used.” -Blaise Pascal
“Achoo!” “Achoo!” “Achoo!”The triad of sneezes echoed up and down the hall. Immediately following was a chorus of “Bless you” and “God Bless you” from every office within earshot. Smiling, my first random thought was, “I wonder why sneezes come in groups of 2 or 3?” My next thought was, “She can really sneeze” — and then I thought, “Don’t bring that in here!!” ☺
What’s interesting is that the custom of saying “God bless you” after a sneeze began literally as a blessing. Pope Gregory the Great (540-604 AD) ascended to the Papacy just in time for the start of the bubonic plague (his successor Pope Pelagius II succumbed to it). Gregory called for unceasing prayer from the people for God’s help and intercession. Groups of people marched through the streets chanting, “Kyrie Eleison” (Greek for “Lord have mercy”;). When someone sneezed, an immediate “God bless you!” followed from anyone nearby, in the hope that they would not subsequently develop the deadly plague.
While we often use this phrase out of habit, these desperate people trusted that God would hear, and the blessing of health and protection would follow.
The history of this common phrase magnifies the meaning of “Death and life are in the power of the tongue…” (Proverbs 18:21 ESV) The words we say matter. More than we realize. Maybe our communication would change if we truly understood that the words we speak either have life breathed into them… or death.
James takes this fundamental principle to a much deeper level. He acknowledges that “With it (the tongue) we bless our Lord and Father, and with it we curse people who are made in the likeness of God. From the same mouth come blessing and cursing.” (James 3:9-10 ESV) Granted. But then he strongly reprimands the readers with, “My brothers, these things ought not to be so.”James then gives vivid examples from nature to support his reproof. A spring of water does not simultaneously produce fresh water and salt water. A fig tree does not produce olives. Grapevines don’t grow figs. A salt water pond does not contain fresh water. (James 3:11-12 ESV)
Relationships are not perfect. Harsh words are sometimes spoken. Tempers flare and painful, even hurtful things are said. In writing to the Christians in Asia Minor, Peter encouraged them in this way — “…be agreeable, be sympathetic, be loving, be compassionate, be humble. That goes for all of you, no exceptions. No retaliation. No sharp-tongued sarcasm. Instead, bless — that’s your job, to bless. You’ll be a blessing, and also get a blessing.” (1 Peter 3:8-9 The Message)
The next time you hear a sneeze and reply with “God bless you”, let it serve as a reminder that the power of life and death is in what we “say” or “don’t say” to others!
It might turn your life — or someone else’s — around.
|
|
comments (0)
|
Por: Dra. Nora Mujica Trenche
“El hombre dice: Has que las cosas sucedan. Dios dice: déjame hacer las cosas, no necesito ayuda”.
La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y derribó sus alfolíes y los edificó mejores, y allí juntó todos sus frutos. Y había mendigos a la puerta de él deseando hartarse de las migajas que caían de su mesa, mas nadie se las daba.
Y el rico subía todos los días al templo a orar. Y junto a él iba siempre su hijito Samuel. Y de pie oraba el rico. De esta manera: Señor, te doy gracias que no soy como los otros hombres. Señor, te doy gracias por mi trigo, y por mi maíz y por mis alfolíes. Señor, ¡ayuda a los mendigos, a los hambrientos, a los pobres que no tienen las bendiciones materiales que tengo yo! Y mientras oraba, lloraba.
Y aconteció un día, que el pequeño Samuel, después de la visita al templo llegó hasta su padre y le dijo: Padre, hoy como ayer, he escuchado tu oración. ¡Cómo quisiera tener alguno de tus depósitos de trigo! Y el padre le dijo: Todas mis cosas son tuyas. ¿Qué harías con el trigo si lo tuvieras?
Y respondió el hijo: ¡Yo contestaría tus oraciones! (Alejandro Clifford)
Cuando dejamos de tener comunión con Dios a través de la oración y la lectura de la Palabra, comenzamos a vivir como si todo dependiera de nosotros. De momento el mundo se hace grande y peligroso. Vivimos expuestos a ansiedades pensando que tenemos que enfrentar la vida solos y como resultado experimentamos temores, pesadillas, ataques de pánico y desesperación. Es como si Dios se hubiera ido de vacaciones o nos hubiera dado la espalda. Sin embargo, Dios siempre está pronto a tocar nuestro corazón y nuestro espíritu para abrir nuestros ojos espirituales e impartir la necesidad de volver a él.
La realidad es que es muy fácil involucrarse con las cosas del diario vivir y enfocar en las cosas que hay que hacer, resolviendo problemas, “apagando fuegos”, llenando la agenda de actividades y responsabilidades al punto de pensar que sacar un tiempo para tener un devocional privado nos tomará tiempo y no nos dará el día para hacer lo que hay que hacer. Hay ocasiones en que dejamos de tener comunión con Dios cuando hemos orado a Dios por diferentes cosas y él ha contestado pero no de la manera en que hubiéramos querido. Esto puede llegar a frustrarnos y por consiguiente dejamos de orar porque estamos molestos y ya no queremos pedir por miedo a cómo será contestada la oración. Ignorar a Dios o darle la espalda no es la respuesta. Mientras más lo ignoramos y mientras más querramos no contar con él, creyendo que su voluntad es perfecta y que la contestación a nuestras oraciones es justo lo que necesitamos, más iremos sintiendo que las paredes de la vida se van achicando y que todo alrededor se vuelve gigante.
Alguien dijo en una ocasión: “la voluntad de Dios es aquello que escogeríamos si supiéramos lo que él sabe”. Una y otra vez, Dios nos afirma que todo lo que sucede bajo el sol, en nuestra vida, obrará para bien para aquellos que le aman (Rom. 8:28). Si no tuviéramos dificultades y pruebas en la vida seríamos niños obesos y engreídos, sin fuerzas ni carácter. Si todo cayera a la mano, seríamos más egoístas de lo que somos ahora.
"Por supuesto, todo depende de lo que estamos pidiendo en oración. Si estamos lloriqueando, haciendo berrinche, y rogando que no se nos dé la disciplina de la vida que es enviada a nosotros para tumbar algunos conocimientos superficiales de la humanidad en nosotros, la respuesta a esa oración puede nunca llegar. ¡Gracias a Dios! Aunque, en verdad, no es fácil decir eso, con honestidad. Aun, puede nunca llegar, gracias a Dios.
Pero si has obtenido tanto como Epíteto—aunque pagano como lo llamaríamos nosotros—su oración diaria era esta: "Oh, Dios, dame lo que tu deseas para mí, porque yo sé que tu escoges para mí es mucho mejor de lo que yo pudiera escoger."; si tu no estás rogando que se te quite o para zafarte, pero pidiendo gracia y fortaleza para pasar la prueba con honor, "ese mismo día" que oras esa oración, la respuesta siempre llega." (A. J. Gossip, "Experience Worketh Hope" (La Experiencia Produce Esperanza))
Cuando no entiendas o te frustre la manera en que Dios contesta tu oración recuerda lo que dice Jeremías 29:11:
“Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes- afirma el Señor-, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza”
No preguntes a Dios ¿por qué?, pregunta ¿para qué?
|
|
comments (0)
|
David Jeremiah, “El anhelo del corazón”
II Corintios 6:16
“¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo”
El significado de una tienda: es temporal y perecedera, pero están hechas para ejércitos y personas que están en movimiento.
Un templo: edificación de santidad, lugar de adoración.
Una tienda: morada de los que están cambiándose constantemente de lugar.
Todo en la vida es adoración (I Cor. 6:20b)
¿Y qué si usted lleva su adoración sobre ruedas, de modo que por dondequiera que vaya se regocija, ora, da gracias y exalta al Señor?
Si quiere vivir completamente en la maravilla de la adoración, debe comenzar a tener un tiempo personal a solas con Dios. Es imposible ser todo lo que Dios quiere que seamos si no estamos dispuestos a dedicar tiempo para conocerle personalmente.
Después que converse con el Señor y camine con él a través del programa que tiene por delante, él le fortalecerá y animará para que cada punto de su día sea un acto de adoración.
En la adoración basada en el servicio, usted nunca olvidará que en todo encuentro social, aun o especialmente en el menor de estos, usted glorifica al Señor.
Las piedras de tropiezo pueden convertirse en peldaños para un encuentro divino, y adoramos a Dios en las peores circunstancias. (II Crónicas 20:12)
La desesperación se convierte rápidamente en victoria cuando en el altar, delante de Dios, se pone un corazón quebrantado.
A solas. Servicio. Desafíos. Y finalmente uno que los incluye a todos: sacrificio. Adore en medio de todo eso, y usted se convertirá en un templo sobre ruedas. Cuando eso ocurra, estará preparado para abrir completamente las puertas de su vida. Créame, usted atraerá a una multitud, la tienda deberá ser más grande cada vez. El mundo está a la espera de ver la persona que usted llegará a ser cuando viva cada momento en la maravilla de la adoración.
|
|
comments (0)
|
Por: Dra. Nora Mujica Trenche
Sabemos que en el mundo existen tantas iglesias y denominaciones como personas hay. Entre las iglesias evangélicas o cristianas, cada una predica el evangelio de la salvación y reconoce al Señor Jesucristo como Salvador y Señor de nuestras vidas. Pero a la hora de hablar sobre santidad y de la ética de vida, podemos diferir un poco. Por ejemplo, hay iglesias que predican sobre la importancia de tener y ejercer la fe para que cosas ocurran; otras enfatizan que Dios desea que seamos prósperos y otras predican que los hijos de Dios no pueden enfermarse o pasar necesidad. Aun nosotros mismos, cada cristiano, puede tener un código de vida personal donde establece alguna de estas creencias, lo que les ayuda o no a enfrentar las dificultades de la vida diaria, afectando de forma positiva o negativa su estabilidad emocional. Ahora, ¿qué nos dice la Palabra?
Es cierto que Jesús dijo que vino para darnos vida y vida en abundancia. Es cierto que dijo que si seguimos sus mandamientos y guardamos su Palabra en nuestro corazón y la obedecemos seremos prosperados en todo lo que hagamos (Josué 1). Pero, ¿a qué se refiere con abundancia y prosperidad? Me parece a mí que Dios está más interesado en la formación de nuestro carácter que en la de nuestro bolsillo. En una ocasión, una dama que había pasado un tiempo fuerte de necesidad, esperaba el día en que Dios la bendijera y la sacara de esa posición de lucha y prueba que había durado más de lo que ella hubiera querido. Me dijo que mientras oraba, Dios le indicó: “puedo darte todas las riquezas del cielo en un solo momento, pero ¿cómo eso aportaría a tu carácter?” Dios nos ama demasiado como para dejarnos como estamos. Mientras unas personas viven esperando el día en que Dios sea propicio a ellos, hay otras que se han acostumbrado a la bendición. Esto también tiene su lado negativo. Podemos sentir o creer que somos los favoritos de Dios; que todo lo que hacemos nos saldrá bien, porque sí; o creeremos que estamos tan cerca de Dios que nadie tiene acceso a él como nosotros. Eso nos vuelve unos engreídos espirituales.
El libro de Hebreos nos dice varias veces que las personas que fueron llamadas por Dios, y a las cuales él prometió que los bendeciría mucho más que lo que pudieran imaginar, no vieron el cumplimiento de la promesa. Por ejemplo, Abraham. Dios le prometió que sería padre de una gran nación; eso lo vemos hoy, Dios lo cumplió, pero Abraham no lo vio.
Del mismo modo, nosotros, cuando nos encontramos en momentos de paz y bendición, donde todo parece estar saliendo como lo planeamos, nos podemos encontrar en un momento de dificultad o de prueba y pegar el grito en el cielo… ¡¿por qué a mí?! Este es el momento de la verdad. Aquí es donde Dios nos enseña dónde está nuestro corazón. ¿Cómo respondemos a la prueba?, ¿Qué hay en mi corazón que debe ser transformado y sometido a la obediencia a Dios? ¿Quién soy yo en relación a los demás? ¿Quién soy yo en relación a mí mismo?
Pablo escribió en Hebreos 11:32-34,36-37:
“¿Qué más voy a decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas, los cuales por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia y alcanzaron los prometido; cerraron bocas de leones, apagaron la furia de las llamas y escaparon del filo de espada; sacaron fuerzas de la flaqueza; se mostraron valientes en la guerra y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros… Otros sufrieron la prueba de burlas y azotes, e incluso de cadenas y cárceles. Fueron apedreados, aserrados por la mitad, asesinados a filo de espada. Anduvieron de aquí para allá, cubiertos de pieles de oveja y de cabra, pasando necesidades, afligidos y maltratados”. La vida del evangelio no se reduce a fórmulas: “mientras haga bien, nada malo me pasará”. Pregúntenle a Job.
Pablo nos da la respuesta a cómo debemos enfrentar este tipo de situaciones por causa del evangelio: “Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe”. (Heb. 12:2) El evangelio no se trata de nosotros; se trata de Jesús y de su obra en el Calvario para que recibiéramos redención por nuestros pecados. Si aún el mismo Dios hecho carne, no resistió su destino de enfrentar la cruz, los clavos, la lanza en el costado, la burla de todo el pueblo y la traición de sus seguidores, ¿qué podemos decir nosotros cuando nos encontremos en diversas pruebas? Tal vez la respuesta deba ser como la de María, “He aquí la sierva del Señor, hágase en mí como tú digas” (Lucas 1:30 o tal vez como Pablo le indicó a Timoteo: “Tú también, con el poder de Dios, debes soportar sufrimientos por el evangelio”. (II Tim. 1:8b) O tal vez como la respuesta de Job: “El Señor ha dado; el Señor ha quitado, bendito sea el nombre del Señor”. Y también: “Si de Dios sabemos recibir lo bueno, ¿no sabremos también recibir lo malo?” (Job 1:21b, 2:10b)
¿Cuál es tu respuesta?